Innovación sine qua non

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En emprendedurismo, solemos preguntar ¿cuál es tu “salsa secreta”?, aquello que te genera una ventaja competitiva defendible y difícil de copiar. Tina Seeling, profesora de la Universidad de Stanford, decía que “el emprendedurismo es innovación aplicada, y se puede practicar”. 

Michael Porter, reconocido autor sobre competitividad y estrategia empresarial recomendaba ya en los años 80’s “hazlo diferente, o hazlo más barato”. Varios años después, revisó sus estrategias básicas, llegando a la conclusión de que la única estrategia competitiva válida era la diferenciación. 

Siempre aparecerá alguien más barato, ya que el precio es la variable más fácil de copiar y de mejorar. Solamente los commodities, productos indiferenciados como la sal o la soja, llevan a elegirse únicamente por precio, el cual se establece internacionalmente, estando fuera del control del productor.

El Manual de Oslo (guía para recoger e interpretar datos de innovación) define solo 4 tipos de innovación: innovación en producto, en procesos, en comercialización, y en organización. Cuando luego leí sobre los 10 tipos de innovación de Doblin, me alegró saber que existe un espectro mucho más amplio donde innovar, si bien estoy seguro que tampoco se agota en esos 10. 

La pregunta radica entonces, en cómo agregar valor, y no cualquier valor, sino valor agregado diferencial. Hay valor en la medida que el consumidor lo reconozca, y sea diferencial (mayor a los ojos del consumidor) con respecto al resto de la oferta. En otras palabras, cómo innovar frente a la competencia; y es que la competencia siempre existe, no importa qué tan disruptivo sea tu producto. No hay producto innovador que no tenga sustituto; piensa en cómo esa necesidad está siendo satisfecha a través de otra tecnología.

Ser el primero en llegar al mercado, tampoco alcanza. En el auge de internet, recuerdo que el primer cibercafé que se instaló en el barrio, fue innovador, cuando no existía internet en los bolsillos, ni tampoco fácilmente en los hogares. Pero una vez que se instaló el 2do y el 3ro a media cuadra, ¿cómo se hizo sustentable la propuesta? ¿Por qué elegir uno u otro, que no sea por el precio de la hora de navegación más barata? Tal vez si alguno hubiera ofrecido asientos más cómodos; café gratis; espacios para “gamers”; conexión más rápida; música funcional; paredes bellamente decoradas o algún chocolatín ocasional de cortesía, hubiera fidelizado a su clientela y prevalecido sobre el resto, a tarifas más elevadas que le dejaran margen suficiente para hacerlo un negocio rentable.

En un contexto donde la mortandad de las nuevas empresas es de alrededor del 70%, en sus primeros 5 años, ¿por qué comprarte a ti? Ya sea que produzcas mermeladas o una aplicación para dispositivos móviles, ¿cuál es tu propuesta de valor diferencial? Innovar es una condición “sine qua non” para emprender y sobrevivir.

Hoy en día, hasta los monopolios se ven amenazados, si no innovan (caso de la telefonía fija). Solo resta diferenciarse o morir, y para ello hay que innovar constantemente volviendo obsoletos nuestros propios productos, antes que lo haga la competencia; y hacer que los competidores te sigan siempre de atrás. 

Existe innovación, en la medida que haya validación y aceptación por parte del mercado. Si el mercado no le reconoce ese mayor valor frente a lo que ya consume, no estamos ante una innovación, sino ante un mero invento. ¿Cuántos inventos patentados no tuvieron éxito en el mercado? Por mucha creatividad, no se constituyeron en verdaderas innovaciones.

Tampoco hay que reinventar la rueda para ser innovador en Latinoamérica. Todavía hay muchas cosas que siguen demorando 10 años en llegar. La innovación hay que analizarla en su contexto. Para una empresa, un método que antes no aplicaba, es una innovación, por más que ese método se practicase hace tiempo, en otras empresas del mercado. Por lo tanto, podemos hablar de innovaciones que son locales, zonales, nacionales, regionales y globales. 

En el curso de Emperndedurismo e Innovación que doy a universitarios, se plantea la realización de un negocio en 8 semanas. Muchos apelan a lo que pueden, o saben hacer. Mi prédica cuando eligen la idea, suele ser: “si vas a hacer cupcakes (en mi época, “magdalenas”), ¿de qué forma serán diferentes al resto de la oferta?”. No olvides, emprender e innovar, van de la mano.

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